Anales de la Academia de Filosofía y Letras

Nos complace anunciar la incorporación al Repositorio Digital de la Universidad de Buenos Aires de la colección completa de los Anales de la Academia de Filosofía y Letras, un corpus clave para la comprensión de los años formativos de la investigación humanística en nuestra región.

La digitalización de este valioso material —hasta ahora de muy difícil acceso físico— fue realizada en su totalidad en el Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani” (UBA-CONICET) por nuestro personal técnico, a partir de los ejemplares en papel conservados en nuestra Biblioteca y en la del Instituto de Lingüística.

La colección consta de 5 tomos digitalizados en alta resolución. Para facilitar la tarea de investigadores, docentes y estudiantes, el Repositorio Digital permite explorar el material a través de dos modalidades de consulta interactiva:

  • Búsqueda Avanzada: Permite realizar búsquedas precisas por palabras clave dentro del texto completo de los artículos, o bien filtrar por título, autor, tema, fecha de publicación y resumen.
  • Consulta por Índices: Permite recorrer de manera sistemática los contenidos a través de listados ordenados de forma alfabética (por título) o temática.

De ambas formas, el sistema ofrece un registro bibliográfico detallado, la cita académica correspondiente lista para ser utilizada y el enlace de descarga directa al documento en formato de texto completo.

[Acceder a la Colección Digital en el Repositorio UBA]

 

Presentación

Los Anales de la Academia de Filosofía y Letras (1910-1915) constituyen la publicación fundamental de la corporación de ese nombre, creada en 1909 de acuerdo a la normativa prevista en los estatutos de la Universidad de Buenos Aires. Éstos establecían la existencia, en cada facultad, de un grupo de expertos que sirviera como órgano consultivo del Consejo Superior y de los respectivos Consejos Directivos. Integrado por profesores de renombre y trayectoria prestigiosa, ese cuerpo debía ofrecer informes y recomendaciones sobre cuestiones relativas a la enseñanza y el quehacer científico, según sus especialidades. En el caso particular de nuestra Facultad, la Academia debía asimismo fomentar el estudio de la filosofía, la historia y la literatura americana y europea.

Se trataba de entidades exclusivas, limitadas a 25 integrantes; aun cuando en ellas tenían de hecho lugar los profesores de cada Facultad, es evidente que no había allí espacio para todos. La selección de los mismos, efectuada por el propio cuerpo, era un rasgo más de diferenciación. No puede sorprender entonces que su órgano de difusión replicara esos caracteres distintivos: circulándose gratuitamente a los catedráticos, era casi un acto de transmisión oficial de la palabra autorizada de sus integrantes. Al inicio funcionaba asimismo muy ligada al prestigio personal de ellos: el primer número reproduce una obra de Vicente Quesada, su presidente de entonces. Sin embargo, el segundo, publicado cuatro años después, muestra un accionar institucional ya afianzado: abunda en recordatorios de académicos fallecidos, y en los discursos dados por sus reemplazantes al ser incorporados. Es evidente allí que el carácter de la Academia ha ido tomando rasgos mucho más definidos, reflejados en las detalladas recensiones de las actividades de que dan cuenta este tomo y los subsiguientes. Se incluyen entre ellas diversas iniciativas para acopiar material de importancia: documentos de valor histórico y colecciones relevantes de piezas etnográficas, adquiridas en el país y en el exterior, que serían incorporadas al Museo de la Facultad, así como series de publicaciones periódicas y libros nuevos y antiguos para su biblioteca. Pero se da cuenta aun de decisiones que irían mucho más allá, como la propuesta de realizar investigaciones en archivos europeos, y traer de ellos copias de los documentos que fueran de interés nacional. Es simbólica al respecto la incorporación como académico de Enrique Peña en octubre de 1915. En su encomio, el secretario y tesorero Juan B. Ambrosetti mencionaba el rol del nuevo integrante en la conformación de la colección de copias de documentos de archivos españoles incorporados a la Sección de Historia de la Facultad, que pocos años más tarde habría de transformarse en el Instituto de Investigaciones Históricas. Allí, durante muchos años, habría de crecer sin cesar el caudal de copias documentales, llevadas a cabo con exactitud profesional por un vasto equipo disperso a ambos lados del Atlántico, trabajando en veces en medio de la guerra.

Ese nuevo carácter de la Academia formaba entonces parte de la génesis de una manera también renovada de construir ciencia social: la que buscaba el desarrollo de campos específicos curados por expertos, capaces de informar con calidad asimismo a la acción política. En efecto, si las Academias de la Universidad habrían de asesorar a sus cuerpos directivos, la nueva Historia se volvía parte imprescindible de la enseñanza superior, entre otras cosas por su rol crucial en el entrenamiento de los cuadros de funcionarios aptos para regir las oficinas públicas nacionales. Tiempo más tarde, esos saberes específicos encontrarían un mejor instrumento operativo en los Institutos de investigación.

Los Anales de la Academia de Filosofía y Letras, por tanto, constituyen una pieza fundamental de esos años formativos: aun en su corta duración, que apenas abarca cinco números, son testimonio de un momento clave en el que el saber científico producido en la Universidad adquiría la forma y la función que habrían de marcarlo por décadas. La propia Facultad, fundada en 1896, propagaba con ellos los primeros elementos de una voz autorizada en el estudio del pasado, patente en el acopio de prueba documental y en los análisis serios de los expertos. Ese momento institucional, que precede a la eclosión de la Reforma Universitaria, se inscribe así en un período de enormes cambios sociales, cuyos ecos y transformaciones impactarán profundamente en la enseñanza superior. Aun sin reflejar los álgidos debates de su tiempo, los Anales son del mismo un elocuente testimonio: figura en ellos el esbozo de un programa de acción que marcará el quehacer historiográfico hasta al menos mediados del siglo XX. Hasta hoy, sólo se encontraban en línea algunos ejemplares, y apenas uno de ellos completamente accesible. La digitalización, llevada a cabo en el Instituto Ravignani, fue realizada por su personal a partir de ejemplares en papel conservados en nuestra biblioteca y en la biblioteca del Instituto de Lingüística.  

Julio Djenderedjian

Director

Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”